El Top 10 de la #DobleMoral en 2013

Doble Moral Rubalcaba

Rubalcaba. Sí, es cierto, Rubalcaba es en sí mismo la #DobleMoral personificada en política. Una persona que nos habla como si él no llevara 30 años en política y la mayoría de ellos metido en el Gobierno socialista, con sus chanchullos, fracasos y escándalos de por medio. Que echa en cara cifras del paro cuando él era el vicepresidente del Gobierno de los 5 millones de parados, que habla del camión que ha comprado el Gobierno para tirar chorros de agua cuando él gastó 1,6 millones en gases lacrimógenos en su último año de ministro… Pero de Rubalcaba en 2013 me quedo con esto, que fue el mayor ejercicio de cinismo posible: “la responsabilidad ante los ciudadanos no prescribe” y a continuación “un hecho indigno no deja de serlo por muchos años que pasen” ( http://www.elmundo.es/elmundo/2013/10/01/espana/1380630748.html ) . Pues Alfredo, tomando tus palabras, la responsabilidad y la indignadidad del Faisán o los GAL, de lo que tu sabes algo, no acaba por muchos años que pasen.

El cierre de RTVV. La medalla de oro de la #doblemoral a propósito del cierre de RTVV fue para el PSPV y sus socios de tripartito, que pasaron del “un ERE o lo que haga falta” o “nadie lloraría la muerte de Canal 9” a llorarla con grandes dosis de tragedia shakesperiana. Medalla de plata para algunos trabajadores de Canal 9 y su transformación psicológica sin precedentes. De decir sí buana a todo lo que pasaba en la casa a en cuestión de minutos echar las mayores pestes posibles y volverse ultracríticos, cuando se cortó el grifo del salario claro está. Viva su ética periodística. Medalla de bronce para Toni Cantó y Rosa Díez, uno por pasar de cobrar de la casa a querer derribarla con un misil y luego defender su oposición al cierre. Eso sí que es cambiar según sople el viento. Su jefa le acompaña por pasar de querer cerrar todas las TV autonómicas a sumarse también a las lágrimas de cocodrilo por Canal 9.

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Reflexiones sobre el cierre de RTVV y las TV autonómicas

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El cierre de un medio de comunicación siempre es una mala noticia, sea de la tendencia que sea, ya sea Canal 9 o anteriores como CNN+ o diario Público (yo no me alegro del cierre de un medio como hizo la izquierda con el falso cierre de Intereconomía) porque con ellos se apaga una voz, aunque esa voz no piense como nosotros. El cierre duele más si se trata de un medio que ha crecido con nosotros. RTVV tiene casi mi edad. En la memoria quedan programas de calidad y que nos llegaron a todos, que marcaron una época, como el ‘a guanyar diners’, el Babalà, el Canta Canta, l’Alqueria Blanca o para bien o para mal el Tómbola. También las retransmisiones de partidos de fútbol, de las Fallas y las fiestas populares, o esos informativos cuando llegaba la gota fría a nuestra tierra. Por eso, con el cierre de Canal 9 perdemos como un referente de nuestra memoria. Y como no, lo más duro siempre es pensar en los trabajadores que se van a la calle, en sus familias. Los principales damnificados de cualquier cierre son los trabajadores, y ante eso hay que solidarizarse con todos los que pierden el empleo.

Ahora bien, no nos dejemos llevar por lecturas pasionales o simplistas, de lanzar vivas por el cierre o decir que Canal 9 tenía que mantenerse sí o sí costara lo que costara. En primer lugar, creo que Alberto Fabra ha demostrado una enorme valentía al tomar la decisión. Lo fácil hubiera sido tragarse los 1.700 trabajadores tras la anulación del ERE por el TSJCV, gastarse 200 millones al año en televisión y esquivar la guerra tanto de los trabajadores como de la oposición. Pero no hubiera sido lo responsable. Todos sabían, incluida la oposición y los propios sindicatos que denunciaron el ERE, que RTVV estaba abocada al cierre si se tumbaba el ERE. Que una empresa pública no puede asumir ese gasto ni ese personal. Fabra, consciente de la polvareda que iba a levantar, ha tomado la decisión que tocaba, dura, durísima, pero la que tocaba. Y cuanto antes. Pues retrasarla con posibles recursos sólo llevaría a postergar más la agonía.

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