Que el Dios (ateo) bendiga a Syriza

Imagínense que llevo una vida a todo trapo por encima de mis posibilidades y me compro un casoplón, un Ferrari y un chalet en la sierra. Todo el mundo cree que soy guay del Paraguay, empezando por mi familia, pero realmente no tengo un cochino euro. Cuando los acreedores tocan a la puerta y me piden que pague todo lo gastado que si no me mandan a la calle, voy llorando a tres amigos y les digo la verdad: estaba fardando y no tenía ese nivel adquisitivo, pero ahora necesito que me dejen pasta para pagar mis deudas y no quedarme sin casa. Los tres amigos me dejan el dinero, con la promesa de devolvérselo y de cambiar de actitud. Yo me pongo manos a la obra, y para poder reducir mi nivel de vida y devolver la pasta a mis amigos, le quito el Canal Plus a mi mujer y a mis hijos les rebajo la paga un 20%, con el consiguiente cabreo de los mismos que tenía mal acostumbrados al gasto sin control. Un día, cuando mis amigos vienen a pedirme que les devuelva una parte del dinero les digo que no, que ya está bien, que ellos no mandan sobre mí y en mi casa hago lo que yo quiero. Y por eso no pienso devolverles parte del dinero, yo soy sioberano en mi casa, qué se habrán creído. Y además, voy a volver a ponerle el Plus a mi mujer aunque implique volver a gastar, que ya estoy cansado de tenerla quemada todo el día.

¿Verían lógica la reacción de este señor? ¿A que no? Pues esto, explicado en lenguaje doméstico para mortales, es el programa de Syriza. Ese que tanto jalea ahora la izquierda patria (sin percatarse, entre otras cosas, que España es uno de esos amigos a los que les deben dinero) y tanto pavor causa en el resto de Europa. Ese que una vez conseguido el poder y realizado varias vaciladas, saben que no pueden aplicar sin exponerse a que los tiren a patadas de Europa. Ahora hablan de renegociar, de una posible quita… Vamos, que la solución Syriza tenía algo de ‘postureo’ y populismo para ganar y luego ya veríamos, como dijo un dirigente de la formación ( http://www.expansion.com/2015/01/26/economia/1422274511.html ) Como si el hombre del relato realmente le dice a sus amigos “oye, a ver si aflojáis un poco, me dais más facilidades para devolver y me dejais gastar un poco más, que lo otro era hacerme el chulito delante de la familia”. Sigue leyendo

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