Y el PSOE volvió a sacar el dóberman: el socorrido machismo

Cuando se está nervioso, cuando no se tiene alternativa ni nada que ofrecer, cuando no hay nada que perder porque ya te dan como perdedor, entonces recurres al barro, a lo sucio, al ataque personal. En eso se ha transformado esta campaña europea que apuntaba aburrida y que ha acabado convirtiéndose en una discusión de marujas de portal a las 4 de la tarde sobre si fulanito es más o menos machista en lugar de lo que votaremos el domingo: Europa.

En el debate ya lo demostró, y cumplió a rajatabla el guion de ficción que había esbozado en un artículo días antes: aborto, ir de la más feminista del mundo, llamar machista al contrario y amnesia profunda de lo ocurrido hasta hace dos años ( https://ladoblemoral.com/2014/05/08/asi-sera-el-debate-valenciano-canete-historia-de-una-ficcion-muy-real/ ). Vamos, un compendio sobre la demagogia más descarada (con mueca de medio llorar y carta de un supuesto joven desesperado incluido) y ni una palabra o propuesta sobre Europa. No es que yo sea Sandro Rey y lo adivinase, es que el personaje es muy predecible, y no da para más. Elena lleva toda su vida con el mismo rollo y da igual que sean las elecciones europeas o las del presidente de la escalera, ella saca a pasear el aborto y su supuesto feminismo y a vivir que son dos días.

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La #DobleMoral femiprogre

‘Femiprogre’, en su versión más radical ‘hembrismo’ o ‘feminazi’ (término usado por académicos como Pérez Reverte http://www.abc.es/20120306/cultura/abci-perez-reverte-estaba-siendo-201203060909.html ), dícese de la mujer de izquierdas que pervierte la igualdad entre hombres y mujeres convirtiéndola en la superioridad y el odio de unas contra unos, obsesionándose con imponer esa visión y creyendo a pies juntillas que las mujeres y feministas sólo pueden ser de izquierdas. La cosmovisión femiprogre, como no podía ser de otra forma, se sustenta en el mayor topicazo de todos: apoderarse de la defensa de la mujer como patrimonio único de la izquierda. Pero veremos como esa defensa no es tal, sino más bien acaba en el esperpento y el rechazo.

Me comentaba el otro día una compañera de partido concejala que, en una cena con asociaciones de mujeres, de izquierdas ellas, una le dijo que cómo era posible que teniendo esa sensibilidad y preparación estuviera en el PP, que se había equivocado. El problema del comentario, que no sé si responder con una carcajada o tristeza, es que no es algo aislado, sino el pensamiento extendido entre las femiprogres: tú no tienes derecho a defender a la mujer si eres de derechas. O lo que es peor, no hay mujeres preparadas en el centro-derecha (son señoronas que se dedican a fregar y cocinar para el marido), y si las hay, es porque viven en un estado de confusión que les impide ver las maravillas estelares de la izquierda. No se me ocurre forma más grotesca de machismo entre las que precisamente se creen que son las salvaguardas del feminismo.

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