¡Qué se mueran los viejos! ¡Qué no quede ninguno!

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“Que se mueran los feos, que no quede ninguno, pues no quitan las chicas, porque tienen muchas vista, porque tienen un arte especial para las conquistas”, cantaba Loquillo allá por los 80. El vocalista de los Trogloditas, que aún sigue en forma porque los viejos roqueros nunca mueren, debería haber sido la estrella invitada de la fiesta reconvertida en funeral de Podemos el 26J. Eso sí, con una pequeña actualización de su mítica canción: “que se mueran los viejos, que no quede ninguno, pues nos quitan los votos, porque los viejos peperos tienen mucha vista, porque tienen un arte especial para las conquistas”. Ya tendríamos hit del verano actualizado para las verbenas de las ‘ciudades del cambio’ para poner algo distendido entre las canciones de Pablo Hasel, la Gossa Sorda y ese monstruo de la canción melódica que entona el ‘Valencia eres una puta’.

 

Porque los viejos son los culpables de haber matado la ilusión y el cambio en España. De haber apagado los corazoncitos y la “sonrisa de un país” que nos traía la socialdemocracia nórdica del dúo Pablo-Alberto. Si por nórdico entendemos, claro está, Venezuela, Cuba o Grecia y por socialdemocracia aceptamos chavismo-comunismo como animal de compañía. No hay más explicación al resultado electoral. Ni siquiera el tan manido “heteropatriarcado” de Alberto Garzón. La culpa de que no tengamos el cielo en la tierra que traía Podemos es de una conjura de viejos egoístas gagás y engañados, junto a algún que otro millonario y sádico que le gusta que le roben, que fueron todos al unísono a votar para hundir el futuro de las generaciones futuras. Nunca un análisis electoral fue tan simple. Y por eso merecen ser exterminados. ¡A ver cuando se mueren esos viejos que bloquean la llegada triunfal de Pablo y sus huestes a la Moncloa! Sigue leyendo

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