Corruptos de derechas Vs honestos de izquierdas

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La semana pasada la corrupción volvió a hacer tambalear los cimientos de nuestros sistema democrático y a poner en duda nuestra confianza en las instituciones. Una semana negra en la que se demostró que nadie está a salvo. Que esto no es un problema de un partido en concreto sino que es algo sistémico. Y que más vale callar ante el escándalo que sacude al contrario porque al día siguiente puede estallar una bomba más grande en tu propia casa. Pero lo más curioso de todo es la reacción de unos y otros ante este problema. Y como en los casos de corrupción, al parecer, también hay buenos y malos. Gente que merece que le ahorquen en la plaza pública y otros a los que se les pide respeto a su honestidad, y oye, casualmente los primeros siempre son del PP y los segundos de la izquierda.

Resulta inaudito como la ex ministra Carmen -Carma para los amigos- Chacón es capaz de burlarse de Rita Barberá en un tuit, a la que el juez investiga por un presunto blanqueo de mil euros, y en al siguiente comentario proclamar que José Antonio Griñán, al que el fiscal pide 6 años de cárcel por presuntamente embolsarse para los suyos 741 millones, es “riguroso, honesto e íntegro”. Hay que tener la cara de cemento armado. Rita no tiene derecho a su presunción por 1.000 euros pero Griñán sí por 741 millones ¿Y esta señora quería liderar el PSOE con semejante ética? Hay que tener poca vergüenza. Sigue leyendo

Yo votaré a Rajoy

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No es el más guapo, ni el que mejor comunica, ni el que tiene más carisma, ni ha ganado un concurso de oratoria, ni parece sacado de un show americano, pero yo votaré a Rajoy.

Yo votaré a Rajoy porque supo permanecer firme en los momentos más duros que atravesó España allá por 2012 cuando Europa, e incluso grandes empresarios españoles, forzaban para que España fuera rescatada y acabáramos como Grecia, con una economía intervenida, con un recorte del 10% en las pensiones o miles de funcionarios en la calle.

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El debate sobre el debate

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A unos días del inicio de la campaña electoral no estamos hablando de propuestas para crear empleo o bajar los impuestos, garantizar los servicios sociales o la unidad de España ante el cada vez más estrambótico independentismo catalán. La opinión pública está centrada en lo que hacen los políticos en la tele, en una campaña donde la parrilla televisiva ha sustituido al mitin político. Donde el candidato a presidente ya no sólo sale en en el informativo o la tertulia seria de la noche, sino también en El Hormiguero, y al paso que vamos, no os extrañe ver a Albert Rivera de tronista. En este contexto, surge con fuerza el debate espectáculo entre los líderes políticos, un formato hace tan sólo unos años olvidado tanto por políticos como por los propios medios. Recordemos que en la campaña de 2004, por ejemplo, no hubo ni siquiera debate entre los dos principales candidatos.

Pero lo curioso en esta explosión de ganas de debatir es que al final no se acaba hablando de qué se debate, sino del quién. Nos importa más el continente que el contenido. Tanto, que me he animado a escribir este artículo precisamente porque veía a muchos amigos comentando la conveniencia o no de que Rajoy participe en estos debates. No importa lo que vayan a decir, sino si va a ir o no a decirlo. Es la conclusión que se extrae tras el debate de El País sin Rajoy. ¿Alguien se acuerda de lo que se debatió? prácticamente no. Sólo que Rajoy no fue y todo el conjunto de teorías y columnas de opinión valorando el que no fuera.

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Pedro, saca el anticlericalismo para el personal que vamos a hacer un guateque

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Las elecciones en España, por mucha nueva política y líderes mediáticos que salgan, suelen repetir los mismos esquemas, sobre todo en lo que concierne al PSOE. Volverá el dóberman, volverá el falso feminismo que se autoadjudican (acusando a todo el que no defienda sus postulados de machistas) y ha vuelto ya otro clásico por estos lares: el anticlericalismo. Ha vuelto y con toda su fuerza. Por cierto, que tampoco se crea Pedro, antes ‘el guapo’, ahora el copión de programas electorales, que ha descubierto algo nuevo. La izquierda lleva azuzando ese fantasma desde finales del XIX para obtener algún rédito entre su parroquia más rancia. Eso sí, luego muchos de sus alcaldes no se pierden ni una procesión. Ya saben el dicho: a Dios rogando y con el mazo dando.

La nueva andanada anticlerical tiene que ver con la presencia de la Religión en los colegios. Uno de los grandes clásicos populares de la izquierda española. Pedro Sánchez se despachaba a gusto en todas las portadas con su gran idea si gana las elecciones: eliminar la asignatura de Religión de las horas escolares en los colegios públicos y, ojo con esto, en los concertados y privados. La propuesta de Pedro Sánchez parte de una gran falsedad que la izquierda no deja de repetir, que la LOMCE y el PP han metido la religión en los colegios. Eso no es cierto. En cualquier colegio público nadie tiene religión obligatoria. Quien quiera ir a Religión tiene esa opción, pero quien no quiera tiene otras alternativas. Así ha sido también cuando gobernaron ellos con González y Zapatero.

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La #DobleMoral de la ‘Nueva Política’

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La ‘nueva política’ es esa que va en bici y en metro. Al menos el primer día para hacerse la foto de rigor. Luego al tercero, como nuestro señor Jesucristo, ya se sube al coche oficial, que la prensa bobalicona ya nos ha comprado la instantánea. Esa imagen en la que, ‘casualmente’, un fotógrafo está esperando en la parte interior del Ayuntamiento al que el nuevo alcalde de Valencia, Joan Ribó, haga su entrada en bici. Qué casualidades ¿eh?. Y si me pillan luego con el coche oficial, porque todos sabemos que van a tener que usarlo, digo que no pasa nada, que voy en un Ford (o en un SEAT de 40.000 euros como Ada Colau) y no en un Audi. Qué austero, ni que fueran en un SEAT Panda. Y en un ataque de demagogia te dicen que van a vender los coches oficiales para dar de comer a los pobres… Aunque cualquiera que sepa sumar sabrá que con el dinero que se saque no te da para comedores sociales y que tendrías una plantilla de conductores cobrando sin hacer nada. Por cierto ¿Ir en bici o en metro hace a uno mejor gestor? Porque leyendo algunos periódicos no me queda claro.

La ‘nueva política’ es esa que devuelve las instituciones a los ciudadanos. Y para demostrarlo Ribó abre el balcón del Ayuntamiento para que se llene de guiris. Debe ser que antes las instituciones estaban en manos de extraterrestres, o secuestradas por algún comando albanokosovar, porque si no no entiendo eso de ‘devolverlas a los ciudadanos’. ¿Qué acaso los anteriores gobernantes del PP eran marcianos y les votaban los minions? Pero ya saben como es la izquierda. Cuando gobiernan ellos, es que gobierna ‘el pueblo’ y la democracia es justa. Si gana el PP o el centro derecha, entonces las instituciones están en manos de la famosa ‘casta’.

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¿Y quién es ‘casta’? La #DobleMoral de los que acusan de ‘casta’

Casta, según la RAE, es “grupo que forma una clase especial y tiende a permanecer separado de los demás por su raza, religión, etc. En la India, grupo social de una unidad étnica mayor que se diferencia por su rango, que impone la endogamia y donde la pertenencia es un derecho de nacimiento”. Y yo añadiría que, en España, ‘casta’ es quien Pablo Iglesias, los de Podemos, 15M o Ciutadans señalan interesadamente con el dedo mientras son incapaces de ver en su propia casa.

‘Casta’, esa palabra que hasta hace poco usábamos para referirnos a sociedades como la India, o los galgos, pero que ahora está en boca de todas las tertulias y análisis políticos gracias a la eclosión de personajes y partidos que en teoría van en contra de esa ‘casta’. Una ‘casta’ que sería el sistema establecido, representado por los partidos tradicionales, PP y PSOE, las instituciones o el poder económico. Ahora todo es ‘casta’. ‘Casta’ por allí ‘casta’ por allá. Cualquier día un profesor reñirá a sus alumnos por no hacer los deberes y éstos le contestarán “calla, que tú eres casta”.

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Del plató a la lista electoral. La explosión de nuevos partidos

FOX+Amena=VOX

“Al paso que vamos salimos a tres partidos por cada habitante en España”. Con esta curiosa frase un anónimo en Twitter valoraba que en una misma semana hayamos contemplado el nacimiento de una nueva formación política, VOX, y de una plataforma, Podemos, esta última para aupar al tertuliano estrella de la extrema izquierda, Pablo Iglesias, a una candidatura europea. La efervescencia de nuevos partidos no ha dejado de crecer, alentados por la opinión pública y los medios, las tertulias de ‘gatos’, ‘al rojo vivo’ y demás, los gurús del Twitter, la llamada crisis del bipartidismo (o de la política en general) y la tan manida regeneración. Partidos que esconden detrás historias muy bonitas, mediáticamente hablando, del ciudadano cansado que decide coger el toro por los cuernos y trae un discurso nuevo para hacerse un hueco entre los grandes y de paso salvar esta corrompida sociedad, pero ¿El éxito de un tertuliano o de un tuitero significa que vaya a tener el mismo éxito en unas elecciones? ¿Qué recorrido tienen estos nuevos partidos? ¿Hay espacio para todos?

Primero, hay que decir que este fenómeno no es en absoluto nuevo, aunque ahora nos salgan siglas por todos lados como VOX, Podemos, Movimiento Ciudadano o UPyD (ésta con más recorrido). Antes de ellos ya lo intentaron otros personajes y fracasaron. O tuvieron un primer éxito, pero luego se desvanecieron. El más reciente de estos experimentos, y también uno de los más estrepitosos fracasos, fue la Sociedad Civil y Democracia de Mario Conde. Creía el ex banquero que por su alta audiencia y predilección en las tertulias televisivas y en las conferencias que daba a lo largo y ancho del territorio nacional le iban a llevar en volandas a un escaño, primero del Parlamento de Galicia, donde él veía más posibilidades al ser su tierra.

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