¿Qué es el ‘Gobierno a la valenciana’?

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Gobierno a la valenciana: dícese del gobierno resultante de que el primer partido gane las elecciones pero se lo pasen por el forro, el segundo partido obtenga el peor resultado de su historia pero le regalen la presidencia de decoración, el tercer partido sea el que realmente mande y mangonee en el gobierno, el cuarto partido esté más perdido que una cabra en un garaje y el resto apoyen al segundo y al tercero a cambio de manejar desde la distancia. Esto señores es lo que en resumidas cuentas propone Pablo Iglesias al PSOE y por extensión al futuro de España.

Como sufridor de ‘un gobierno a la valenciana’, y no en silencio como las hemorroides, sé bastante del tema. Y ahora que Pablo nos ha puesto de moda (bueno, les ha puesto, que yo en ese esperpento no me incluyo) convendría pararse un poquito y conocer qué es realmente ese maná podemita con el que Pablo quiere seducir a Pedro bajo el apellido de ‘valenciano’.

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Carta abierta a Ada Colau y otros alcaldes del ‘cambio’

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Querida Ada, no soy militar. Ni tengo familia en el Ejército. Ni siquiera soy un acérrimo defensor de las intervenciones armadas. Pero lo que sí creo que soy, al menos eso intento en mi vida, es una persona educada, que sabe valorar el esfuerzo y trabajo propio como ajeno, y que está orgulloso de aquellos que trabajan por el bienestar de los demás. Orgulloso de mi nación, España, de mi patria, Valencia, y de las personas que incluso dan la vida por ella. Por eso, estimada, Ada, me parece vomitivo el desprecio con el que trataste a varios miembros de las Fuerzas Armadas en el Salón de la Enseñanza.

Tú, que no tienes ningún estudio o trabajo conocido. Tú, que antes de llegar a ser la alcaldesa gañán de una ciudad cosmopolita como Barcelona, antes de que te empezaran a llamar de La Sexta aprovechando el drama de los desahucios, antes de todo eso, sólo te dedicabas a disfrazarte para montar el pollo y a ser una actriz mediocre de papeles de extra en series de tercera. Tú, Ada, con esos antecedentes, tienes los santos cojones (perdón, ovarios, no me taches de machista) de decirles a unas personas, en un Salón de Enseñanza, esa que nunca has tenido (al menos superior), que su presencia sobraba.

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El argumentario de Podemos

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Desvelamos en exclusiva el argumentario base de Podemos. Ya no tendrá excusa para no contestar ni pensar como un podemita. Súmese a “la gente”.

– Si sacan 69 diputados (de los que suyos en solitario son 42): son “la gente”, “el “pueblo”, la “mayoría para reformar la Constitución y el sistema”. Que sí, que sí, que sí nos representan.
– Si los demás sacan 281 diputados: son casta, los mercados. Que no, que no, que no nos representan.

– Si se trata de contar diputados: somos 69, una gran fuerza de cambio.
– Si se trata de contar subvenciones y turnos de palabra: somos 4 confluencias que no tenemos nada que ver.

– Si la UDEF investiga al PP o a otros partidos: qué buen trabajo realiza la UDEF para desenmascarar y denunciar a estos corruptos.
– Si la UDEF investiga a Podemos: está al servicio de los aparatos y las cloacas del Estado para desprestigiarnos y lanzarnos mentiras.

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Yo votaré a Rajoy

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No es el más guapo, ni el que mejor comunica, ni el que tiene más carisma, ni ha ganado un concurso de oratoria, ni parece sacado de un show americano, pero yo votaré a Rajoy.

Yo votaré a Rajoy porque supo permanecer firme en los momentos más duros que atravesó España allá por 2012 cuando Europa, e incluso grandes empresarios españoles, forzaban para que España fuera rescatada y acabáramos como Grecia, con una economía intervenida, con un recorte del 10% en las pensiones o miles de funcionarios en la calle.

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El debate sobre el debate

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A unos días del inicio de la campaña electoral no estamos hablando de propuestas para crear empleo o bajar los impuestos, garantizar los servicios sociales o la unidad de España ante el cada vez más estrambótico independentismo catalán. La opinión pública está centrada en lo que hacen los políticos en la tele, en una campaña donde la parrilla televisiva ha sustituido al mitin político. Donde el candidato a presidente ya no sólo sale en en el informativo o la tertulia seria de la noche, sino también en El Hormiguero, y al paso que vamos, no os extrañe ver a Albert Rivera de tronista. En este contexto, surge con fuerza el debate espectáculo entre los líderes políticos, un formato hace tan sólo unos años olvidado tanto por políticos como por los propios medios. Recordemos que en la campaña de 2004, por ejemplo, no hubo ni siquiera debate entre los dos principales candidatos.

Pero lo curioso en esta explosión de ganas de debatir es que al final no se acaba hablando de qué se debate, sino del quién. Nos importa más el continente que el contenido. Tanto, que me he animado a escribir este artículo precisamente porque veía a muchos amigos comentando la conveniencia o no de que Rajoy participe en estos debates. No importa lo que vayan a decir, sino si va a ir o no a decirlo. Es la conclusión que se extrae tras el debate de El País sin Rajoy. ¿Alguien se acuerda de lo que se debatió? prácticamente no. Sólo que Rajoy no fue y todo el conjunto de teorías y columnas de opinión valorando el que no fuera.

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Besos y abrazos para combatir al DAESH

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Imagínense que el 1 de septiembre de 1939, cuando Hitler invadió Polonia, hubieran salido los dirigentes políticos de las democracias occidentales a decir que ‘no a la guerra’, que lo de Hitler se soluciona con paz, amor y gominolas, que no hay que ser vengativo ni hacer pactos anti-Hitler, y que vayamos a dialogar y pactar con él que seguro que nos escucha, repliega sus tropas y acabamos todos juntitos de la mano fumando la pipa de la paz. Realmente los dirigentes occidentales habían adoptado antes esa actitud con Hitler, la de ponerse de perfil y no enfrentarse a él, cuando invadió Checoslovaquia. Creían que la cosa no iba con ellos, que enfrentarse al problema podía suponer la guerra, y que por tanto más valía mirar para otro lado. Pero cuando invadió Polonia vieron que Hitler iba en serio, que hoy era Polonia pero mañana podía ser Francia, y que el pasotismo debía acabar. Quien no atiende a razones no podía pararse con paz y amor, sino que, por desgracia, había que ir a la guerra.

76 años después, la ‘izquierda caviar’ española, esa agrupada en torno a Podemos y tertulias de La Sexta, esa que cree que los problemas del mundo se resuelven en 140 caracteres de Twitter, viene a decirnos que ante a la amenaza del Estado Islámico no hagamos nada, hablemos de paz y amor, y que esperemos sentados en nuestros sofás, como hacen ellos desde sus mansiones o despachos de la Complutense, a que la sinrazón terrorista deje de matar por arte de magia.

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Pedro, saca el anticlericalismo para el personal que vamos a hacer un guateque

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Las elecciones en España, por mucha nueva política y líderes mediáticos que salgan, suelen repetir los mismos esquemas, sobre todo en lo que concierne al PSOE. Volverá el dóberman, volverá el falso feminismo que se autoadjudican (acusando a todo el que no defienda sus postulados de machistas) y ha vuelto ya otro clásico por estos lares: el anticlericalismo. Ha vuelto y con toda su fuerza. Por cierto, que tampoco se crea Pedro, antes ‘el guapo’, ahora el copión de programas electorales, que ha descubierto algo nuevo. La izquierda lleva azuzando ese fantasma desde finales del XIX para obtener algún rédito entre su parroquia más rancia. Eso sí, luego muchos de sus alcaldes no se pierden ni una procesión. Ya saben el dicho: a Dios rogando y con el mazo dando.

La nueva andanada anticlerical tiene que ver con la presencia de la Religión en los colegios. Uno de los grandes clásicos populares de la izquierda española. Pedro Sánchez se despachaba a gusto en todas las portadas con su gran idea si gana las elecciones: eliminar la asignatura de Religión de las horas escolares en los colegios públicos y, ojo con esto, en los concertados y privados. La propuesta de Pedro Sánchez parte de una gran falsedad que la izquierda no deja de repetir, que la LOMCE y el PP han metido la religión en los colegios. Eso no es cierto. En cualquier colegio público nadie tiene religión obligatoria. Quien quiera ir a Religión tiene esa opción, pero quien no quiera tiene otras alternativas. Así ha sido también cuando gobernaron ellos con González y Zapatero.

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