¿Qué es el ‘Gobierno a la valenciana’?

Oltra Puig 2

Gobierno a la valenciana: dícese del gobierno resultante de que el primer partido gane las elecciones pero se lo pasen por el forro, el segundo partido obtenga el peor resultado de su historia pero le regalen la presidencia de decoración, el tercer partido sea el que realmente mande y mangonee en el gobierno, el cuarto partido esté más perdido que una cabra en un garaje y el resto apoyen al segundo y al tercero a cambio de manejar desde la distancia. Esto señores es lo que en resumidas cuentas propone Pablo Iglesias al PSOE y por extensión al futuro de España.

Como sufridor de ‘un gobierno a la valenciana’, y no en silencio como las hemorroides, sé bastante del tema. Y ahora que Pablo nos ha puesto de moda (bueno, les ha puesto, que yo en ese esperpento no me incluyo) convendría pararse un poquito y conocer qué es realmente ese maná podemita con el que Pablo quiere seducir a Pedro bajo el apellido de ‘valenciano’.

Como de valencianos anda la cosa, el gobierno ‘a la valenciana’ sería como la paella. No una paella de pollo y conejo, auténtica, hecha a leña, con su cuidado y mimo, su romero y su socarrat, de esas que te zampas un domingo y repites tres platos en caso del abuelo. No, de esas no, esas las dejamos para un día soleado en El Palmar. El ‘gobierno a la valenciana’ sería más bien una de esas paellas mixtas que tanto se ven por la capital, que endorsan a los guiris y que al valenciano de pura cepa le dan arcadas sólo de verla. Esas en las que parece que hayan tirado todos los ingredientes que sobraban en la nevera sin aparente conexión ni lógica entre ellos, en las que te encuentras un trozo de pollo por un lado, un mejillón en el siguiente, el arroz está pastoso y para rematar te colocan los tan odiados guisantes. Eso es lo que, por desgracia, nos estamos zampando los valencianos y Pablo quiere ahora meteos a cucharadas, presentándolo con un lacito de paella auténtica a ver si cuela, al resto de españoles.

Igual que en la paella mixta lo único que une a sus ingredientes es que está cocinada con arroz, en el ‘gobierno a la valenciana’ lo único que unía la receta era las ansias por tirar al PP. Una vez conseguido, lo que ya junta a las diferentes partes es pura casualidad. Bueno, y la poltrona, que eso une mucho. El ‘gobierno a la valenciana’ de tripartitos, cuatripartitos y hasta sextapartitos (Torrevieja), algunos por cierto con el voto a favor de Ciudadanos (Gandia, Torrevieja), prometía venir a “rescatar personas”, porque “els valencians pasen fam”, o traducido al castellano, el PP en 20 años había destruido y/o robado todo y los valencianos nos íbamos muriendo de hambre por las calles. Necesitábamos a los nuevos mesías de Compromís sustentados por Podemos y con los socialistas de tontos útiles para que por fin dejaran de rescatar bancos y se pararan los desahucios, nos dieran una vivienda social, un trabajo público (de los otros no saben crear), nos regalaran todas las subvenciones posibles y los ricos y las empresas por fin pagaran impuestos (antes debe ser que esto era las Islas Caimán).

Pero señores, del dicho al hecho hay un trecho. El ‘gobierno a la valenciana’ empezó con mucho postureo. Ahora llego en bici a trabajar para la foto (y al tercer día cojo el coche), ahora abro el balcón para que se asome la gente que eso es transparencia (en lugar de abrir las cuentas públicas), ahora creo ‘comisiones de la verdad’ para acusar al PP de la muerte de Manolete… Todo mucho de circo y titular. En eso Pedro no tiene que preocuparse, que de llegar a materializarse su gobierno con Pablo sabe que Podemos es especialista en el show.

Pero a la larga, aquí seguimos con los mismos problemas, no han parado los desahucios (es más, hasta desahucian ellos desde la Generalitat: http://www.laverdad.es/alicante/ciudad-alicante/201604/02/generalitat-horas-para-desalojar-20160402004708-v.html ) ni de repente han desaparecido los niños hambrientos y los barracones en los colegios. Aunque eso sí, ya no se escuchan las protestas por ellos. Quizá porque no había tantos, quizá porque estaba todo instrumentalizado por la izquierda, no sé, llamadme mal pensado. Lo que sí ha desaparecido son las inversiones y el empleo, que huyen despavoridos ante el panorama. Que se lo digan a Ribó que va tan sobrado que puede despreciar a un grupo inversor que prometía mil millones, trabajo y condonar una deuda de 400 millones de la Marina. Pero oye, que el ‘gobierno del cambio’ dice que la idea no le mola porque eso es ‘privatizar’ y hay otras prioridades en la ciudad como poner faldita a los semáforos, organizar cabalgatas con magas republicanas o prohibir el toro embolado. Porque en eso sí han cumplido, en prohibir lo que no se ajuste a su dogma.

En este casi año de ‘gobierno a la valenciana’ no han puesto en marcha ni una sola, ni una que se dice pronto, medida relacionada con el empleo o la economía. Y cuando han hecho algo es para cuestionar proyectos como Puerto Mediterráneo que generarían 6.000 empleos. Ni una iniciativa para bajar impuestos o mejorar las condiciones de la gente. Eso sí, ahora tenemos conciertos de Raimon pagados con dinero público, a la novia, al ex, la sobrina y a todos los amigos de Compromís y de Carmen Montón (agarraos que esta se ve de ministra con Sánchez) enchufados en la administración, y como no una persecución hacia todo lo privado o concertado, como buenos seguidores de la teoría de que todo lo que no controlen o adoctrinen ellos vía chequera pública no vale.

Esta es la paella empastrada, quemada, amarilla y rancia que Pablo Iglesias vende en la meseta como la salvación de la España postPP. Una paella indigesta, que ya se nos ha atragantado a los valencianos en la primera cucharada, y que vemos con pesadumbre como aún nos queda plato que comer para tres años, siempre y cuando a la cocinera Oltra no se le crucen los cables, le suba la sal de la ambición y tire el guiso a la basura para convocarnos a elegir un nuevo menú en elecciones. No caerá esa breva.

Una paella que por desgracia en la capital están comprando muchos gustosamente, como cuando vienen a Valencia a comer, les sirven un bodrio con sablazo en la cuenta, y salen encantados por haber degustado “paella”. Igual que el entendido en paella pregunta al experto para saber, los que por desgracia entendemos de ‘gobiernos a la valenciana’ os contamos que hay detrás de tanta imagen edulcorada. Que no os hagan tragar con sapos. No compréis el menú que el cocinero Pablo os ofrece con la receta que le ha pasado Mónica. Porque si lo pedís y os sacan una bazofia, ya no habrá marcha atrás y tendremos que comernos el plato entero. El problema está, queridos españoles, en que Pedro Sánchez está dispuesto a comerse cualquier porquería con tal de dormir una noche en Moncloa.
Postdata: Zapatero ha elogiado el ‘gobierno a la valenciana’ como “un ejemplo a seguir”. Creo que no hace falta añadir más de lo que realmente es este gobierno.

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