No es la izquierda ni la derecha… es el sistema, estúpido

https://ladoblemoral.com/2014/11/26/no-es-la-izquierda-ni-la-derecha-es-el-sistema-estupido/El otro día, en unas de esas típicas reuniones que realizan los partidos para analizar cómo debe ser la próxima campaña, y que a seis meses de las elecciones se multiplican como setas en otoño con opiniones para todos los gustos, asistía a un curioso debate entre varios compañeros de partido sobre si el PP era más o menos de derechas y eso lastraba sus posibilidades. Para algunos, los ciudadanos percibían la actual política del PP escorada a la derecha y eso le estaba sangrando en votos, por lo que había que “volver al centro” para recuperar a esa gente y parar la hemorragia. Otros opinaban todo lo contrario, que el PP está desideologizado, que ha abandonado precisamente los principios de centro derecha que le caracterizaban por la pura gestión, y eso era lo que le desconectaba de sus bases.

En medio del jaleo sobre quién tendría razón (probablemente todos y a la vez ninguno), me vino a la mente la famosa frase de la campaña de Bill Clinton readaptada a lo que estamos viviendo en la política española: no se trata de la izquierda o la derecha, se trata del sistema, estúpido. La gente no va a dejar de votar al PP porque lo vean más o menos de derechas, sino porque forma parte del “sistema”.Ven al PP de la misma forma que al PSOE, a IU, a los nacionalistas tradicionales o incluso a partidos como Compromís (el lío de las primarias y las cuotas por ver quien se coloca en el sillón los ha dejado al descubierto), como lo mismo: piezas de un sistema corrompido y viejo, lastrado de corruptelas, gente acomodada, gastos superfluos, engaños a los ciudadanos y alejado totalmente de la realidad y la sociedad.

Fenómenos como Podemos han desplazado por completo el discurso político tradicional, para bien o para mal. El eje de la comunicación política actualmente en España ya no es izquierda o derecha, sino sistema o cambio. Los de arriba, la tan manida ‘casta’ podemita, y los de abajo. El sistema o la regeneración, para algunos aniquilación, del mismo. Y quien no entienda eso está muerto. El PP debe recuperar sus valores, por supuesto, y recargarse ideológicamente, pero lo importante para él, como para el resto de partidos, es que los vean como agentes decididos a regenerar el sistema. Si se persiste mirando a otro lado, seguirán subiendo como la espuma los que desde la demagogia claman por finiquitar todo.

Cada caso nuevo de corrupción, cada noticia de sobrecostes o uso indebido de las instituciones, de enchufismos y gastos descontrolados, es un voto más a Podemos. Y sin que ellos hagan nada. Como escuché un día, Pablo Iglesias podría quedarse en casa jugando a PlayStation que su saca de votos seguiría engordando. Porque cada caso que sale, y cada vez que se sigue sin hacer nada, refuerza su discurso contra el sistema.

Y los que creen que con desacreditar a Podemos sacando a la luz sus miserias y contradicciones desinflarán el asunto, se equivocan. La mayoría de la gente sabe lo que hay y aún así les votaría. El CIS lo confirma: Podemos es la opción política preferida para las clases medias altas, directivos y gente con formación universitaria. Nada de clases obreras o “cuatro frikis” ( http://www.elmundo.es/espana/2014/11/07/545c7ab1268e3e5a4c8b456c.html ). Esa misma gente sitúa a Podemos en la extrema izquierda, más allá incluso que Bildu-Amaiur, que ya es decir. Y en cambio, pese a que conocen qué encontramos detrás de los Iglesias, Monederos y Errejones, comunismo demagogo y bolivariano con recetas imposibles, depositarían la papeleta en la urna simplemente porque están hartos. Porque quieren dar un susto a ‘los de arriba’, al sistema, que tiemblen los cimientos, a ver si así despiertan y cambian de una vez, aún a costa de poner en juego la estabilidad del país con partidos como Podemos. Así que, desenmascararlos, pese a que sea necesario, no garantiza pinchar el globo, porque el hartazgo supera ya la propia realidad de lo que son.

Los partidos tienen dos formas de encarar esta campaña: renovarse y apostar por una regeneración de verdad, o ponerle ya la alfombra roja a Pablo Iglesias. Y para renovarse no basta con poner caras jóvenes y guapas como piensan en el PSOE o IU. La renovación generacional es necesaria, yo la apoyo, pero si no está dotada de contenido y de actitud de cambio no sirve de nada. En 2015 puede haber un terremoto electoral que se lleve por delante a algunos partidos (lo de IU llorando por las esquinas suspirando por un pacto con Podemos es un buen ejemplo) y deje tocados a los dos grandes. Pensar, como escuché una vez, que no pasa nada porque el PP puede sobrevivir con el voto de los pensionistas (gente que vivió una dictadura y los experimentos sólo los quieren con gaseosa porque valoran la estabilidad) es un tremendo error. Un partido sin el apoyo de los jóvenes, universitarios y personas de edad intermedia está condenado a la muerte. Quizá no en 2015, pero sí en unos años. Señores, o cambiamos, o nos cambian.

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