Adolfo Suárez o cómo toda sociedad necesita héroes

https://ladoblemoral.com/2014/04/01/adolfo-suarez-o-como-toda-sociedad-necesita-heroes/

El día que el hijo de Adolfo Suárez anunciaba su “desenlace inminente”, que se produciría 48 horas después, escuché una conversación entre varias personas sobre la figura del ex presidente, en la que algunas de ellas apuntaban que, si bien es cierto su importante contribución a la democracia, su figura estaba sobrevalorada. Probablemente lo esté, no lo niego, entre otras cosas porque la Transición no fue cosa de un mano a mano entre Suárez y el Rey, sino de muchas personas y voluntades, algunas no reconocidas lo suficiente, aunque Suárez fuera un engranaje indispensable.

 

Pero ¿Sabéis qué? Me da igual que su figura esté sobredimensionada. Es más, hasta lo veo positivo. Me parece bien que en torno a Suárez se construya una imagen de mito. Un mito que, por cierto, tiene tela que haya tenido que fallecer, o comenzar su declive por culpa del alzhéimer, para que algunos se deshagan en elogios y homenajes cuando en vida y total lucidez le dedicaron reproches. No deja de ser una actitud muy humana, no darse cuenta de lo que se tiene hasta que se ha perdido.

Sea como fuere Suárez es ya un mito. Y en una sociedad cainita como la española, donde los enfrentamientos entre unos y otros han sido el motor de la Historia en pasados siglos, donde la envidia es deporte nacional y nos cuesta admitir el mérito del otro, que Suárez sea una figura que emerge por encima de las ideologías sólo puede ser considerado como una buena noticia. Sea o no ese ascenso a los altares exagerado. Me da igual. Vivimos en un momento en el que el que la sociedad está necesitada de referentes, sobre todo en la política, que vive un desprestigio enorme, y Suárez nos vuelve a reencontrar con que en España también ha habido, y hay, políticos de talla, de los que sentirte orgulloso, seas de izquierdas o derechas (salvo los que salen a decir sandeces de Suárez porque prefieren modelos como Willy Toledo).

 

Adolfo Suárez se ha convertido en nuestro Kennedy, nuestro Churchill o nuestro De Gaulle o nuestro Mandela. Cumple además a rajatabla todos los puntos necesarios para ser un héroe. Personaje carismático y atractivo. Con su “momento heroico” en el 23F. Decidido a llevar a España a una democracia verdadera aunque eso le costara muchos disgustos. Anteponiendo el interés del conjunto al suyo particular. Un personaje, como buen héroe, con sus frases míticas. Desde el “puedo prometer y prometo” hasta la mejor, sin duda para mí, de “la vida siempre te da dos opciones: la cómoda y la difícil. Cuando dudes elige siempre la difícil, porque así siempre estarás seguro de que no ha sido la comodidad la que ha elegido por ti”. Frases que a partir de ahora trufarán el discurso de cualquier aspirante a político o conferencia intelectual que se precie (a ver si dejan descansar un poco al pobre Churchill que lo mismo lo usan para un roto que para un descosido).

 

Suárez es que además tuvo los huevos de dimitir, y eso, en un país donde nadie se va ni con agua caliente, ya es heroico de por sí. ¡Un presidente, y además del Gobierno, que dimite! Es que lo tiene todo para entrar en nuestro rincón de los héroes, que en política española son pocos, y eso que hemos tenido grandes personajes históricos, pero a veces parece que nos avergoncemos hasta de haber descubierto América.

 

Kennedy fue un líder que en realidad hizo poco porque sólo gobernó tres años y cometió cagadas como la fracasada invasión de Cuba en Bahía Cochinos. Pero el mensaje de esperanza que trajo, su carisma y su trágico final se han impuesto sobre todo lo anterior para construir una leyenda. Suárez también gobernó poco, y en una etapa muy convulsa, como Kennedy, pero decisiones que adoptó a favor de la reforma política y su mensaje de total confianza en el futuro del pueblo español es lo que pervive. Churchill ganó una Guerra Mundial pero los británicos le ‘premiaron’ perdiendo las elecciones. Como Suárez, forzado a dimitir entre otras cosas ante la soledad y las ganas de echarlo de sus propios compañeros, esos que, los que aún viven, se deshacen ahora en elogios.

 

Mandela fue una figura de reconciliación, pero antes había tenido un pasado terrorista, comunista y de justificación de la lucha armada. Suárez es la reconciliación española personificada, y aquellos que sólo miran que fue gobernador civil y ministro del Movimiento con Franco demuestran su total ceguera y bajeza intelectual. Gracias a personas como Suárez, o como Fraga y tantos otros, que se enfrentaron a los elementos reaccionarios y apostaron por desmantelar el Régimen para que desembocara en una monarquía parlamentaria hoy podemos disfrutar de nuestro sistema democrático. En una reportaje reciente, leía que muchos pensaban que Juan Carlos iba ser como Franco pero en Rey. A lo sumo que habría una democracia a medias, permitiendo partidos como el PSOE pero no otros temidos como el PCE. Suárez apostó claramente por una democracia plena, pese a la entonces incomprensión de muchos, porque sin la participación de todas las fuerzas la democracia no hubiera sido real. Por eso, cuando ahora vienen los herederos del PCE, en IU, como Ignacio Blanco o Alberto Garzón, con el cuento de que si no estabas en una cárcel en época de Franco no tienes mérito alguno en haber traído la democracia, no puede producir más que lástima y tristeza porque no ven más allá de los tópicos y su visión simplista de “o eres de IU o un fascista”.

 

Suárez tiene en definitiva elementos de los grandes héroes de otras naciones, un poco de Kennedy, de Mandela, de Churchill, para construir nuestro propio mito. Sobredimensionado o no da igual. Bienvenido sea a esta España su ejemplo. Y ojalá no sea el único mito que seamos capaces de construir y admirar.

 

 

Postdata: a todos aquellos que con la muerte de Suárez salieron a intentar manchar su figura, con sandeces como que su muerte estaba provocada para tapar el supuesto éxito de sus marchas por la dignidad (sí, esas que luego acabaron con palizas y apuñalamientos a policías), recordad que si podéis hablar mal de Suárez, si podéis manifestaros, es gracias precisamente a, entre otros, la labor de Adolfo Suárez.

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