¿Y cuándo resucitamos a Montesquieu?

GarzonFelipe

Esta semana estamos escuchando noticias sobre el posible acuerdo entre PP y PSOE (aplazado por una gripe de Rubalcaba, no es broma) para renovar el Consejo General del Poder Judicial. Me viene entonces el famoso dilema de, si nuestro sistema se basa en la separación de poderes, ¿Por qué el legislativo elige al judicial? Alfonso Guerra ya lo verbalizó perfectamente cuando sentenció que “Montesquieu ha muerto” ante los cambios que introdujo el PSOE para que el Congreso (es decir, ellos, que entonces tenían el control) eligiesen a la mayoría de los miembros del poder judicial. Y así han pasado los años y los gobiernos, sin que nadie hiciera nada. A Montesquieu lo mataron en España, lo enterraron bajo grandes losas de mármol no sea que asomara una patita a lo Walkind Dead y nos diera un susto de independencia y aquí nadie hace nada por resucitarlo, no sé si por comodidad o por connivencia con el sistema actual.

Se nos llena la boca hablando de regenerar la democracia, el sistema electoral, la participación, pero se nos olvida mirar hacia el lado de la Justicia, concretamente hacia el de su independencia y despolitización. La verdadera regeneración también debe atañer a la Justicia. Que el CGPJ, su presidente (también lo es del Supremo), el Tribunal Constitucional o el Fiscal General del Estado sean designados en todo o en mayor parte por el Gobierno de turno repartiéndose los cargos con algunas fuerzas políticas no deja de ser lamentable y una muestra de sumisión de la Justicia a los intereses de los partidos. Así, no es de extrañar que se bloquee la renovación de la Justicia cuando se acerca una sentencia que puede perjudicar a un partido y no se quiere alterar el orden de fuerzas del tribunal o que, ante una sentencia, los medios sólo se fijen en lo que vota cada juez y por quién ha sido designado (vamos, quién es su amo).

Podríamos mirar hacia el ejemplo de algunos estados de Estados Unidos, donde el fiscal del distrito es elegido por votación. No soy partidario de que toda la población votara en unas elecciones a Fiscal del Estado o al CGPJ, porque podríamos caer en el populismo de la Justicia, de que un posible candidato a Fiscal se dejara llevar por medidas de calado popular más que por el rigor en la Ley. Pero sí defiendo que eligieran mediante votación el TC, el Fiscal del Estado y el CGPJ los formados en leyes, los que están colegiados y/o ocupan una oposición vinculada al Derecho. Tendríamos un Fiscal o un CGPJ elegido por profesionales, con criterios profesionales, y no de partido. Creo que esto sí es una auténtica medida revolucionaria y regeneracionista.

La politización no sólo acaba en el sistema de elección, sino que la asumimos como normal cuando etiquetamos a los jueces y fiscales como ‘conservadores’ o ‘progresistas’. Ellos mismos se autoetiquetan con su integración en las asociaciones profesionales de jueces y fiscales, que actúan de lobbys con los partidos para conseguir cuotas de poder para sus miembros. Esto es una auténtica perversión. Que ya sepas de antemano la posición ideológica de la persona que te va a juzgar o del fiscal que te va a acusar, cuando se trata de causas en la que tiene gran peso la interpretación ideológica que se dé a la Ley, te deja a la total merced de sus posiciones personales. Obviamente no podemos evitar que los jueces y fiscales tengan su ideología y que su posicionamiento influya a la hora de aplicar justicia. Todos tenemos nuestra posición ideológica aunque algunos digan que no (lo que no tendrán es preferencia por un partido político u otro, pero ideología tenemos todos, aunque no caigamos en la misma) pero los encargados de impartir Justicia se deberían molestar, al menos, en disimularla.

Me parece muy peligroso que colectivos como la Unión Progresista de Fiscales exprese en redes sociales o en intervenciones en medios de comunicación posiciones abiertamente políticas y sectarias en contra del Gobierno o del PP y a favor de la izquierda ¿Y si me toca a mí -Dios no lo quiera- ser acusado en un juicio por un fiscal de estos en asuntos que atañen a aspectos políticos? La imparcialidad brillaría por su ausencia. Los ciudadanos están indefensos ante este sistema donde los magistrados se han convertido en un apéndice más de los partidos para conseguir medrar en su carrera política (el colmo es el exjuez inhabilitado Baltasar Garzón, exnúmero dos de listas en el PSOE en 1993, reconvertido en vengador cuando Felipe no le dio un ministerio y ahora llamando a derrotar a la derecha). Insisto, no podemos evitar que un juez tenga su voto u opinión, pero quizá deberíamos plantearnos si es adecuado que estén en asociaciones de marcado carácter político que transcienden lo profesional.

En definitiva, la regeneración de la Justicia es una de las patas necesarias para ser una democracia moderna, pero ningún partido la aborda en profundidad e incluso se atreve a hablar del tema. Aquí queda mi pequeña aportación, esperando que al menos debatamos sobre el asunto.

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